Durante años, el dato que mueve el mercado fue un privilegio de quien ya estaba dentro: fondos, mesas institucionales, gente con acceso. Nosotros queríamos invertir con esa misma información. Nadie nos la puso delante, así que la construimos.
Democratizar el acceso a research de calidad institucional: cerrar la distancia entre el inversor independiente y las herramientas que durante décadas fueron exclusivas de Wall Street.
Creemos que el inversor particular merece los mismos datos, los mismos modelos y el mismo rigor analítico que un fondo profesional. Celsmar existe para que la calidad del análisis deje de ser un privilegio del capital.
Si la información es poder, el inversor independiente merece la misma que el fondo.
No son valores de nota de prensa: son los compromisos que deciden cómo se construye cada función de la terminal.
Cada cifra procede de una fuente verificable y lleva su marca de tiempo y su origen. Cuando un dato no existe, la terminal lo dice; nunca lo rellena.
La IA es un analista más, no un oráculo. Razona sobre datos verificados, cita lo que usa y puede equivocarse; lo advertimos con claridad.
El precio que ves es el precio que pagas. Lo que está en beta se etiqueta como beta, y lo que no está disponible se dice abiertamente.
Cada euro que cobramos vuelve al desarrollo de la terminal. Preferimos que convenza el producto a que lo haga una campaña.
No vendemos datos ni los usamos para entrenar modelos. Tu cartera y tu watchlist son tuyas. RGPD desde el diseño, no como parche.
Cancelar una suscripción cuesta tres clics. No usamos patrones oscuros y no enviamos avisos diseñados para provocar ansiedad de mercado.
La historia corta de cómo llegamos hasta aquí.
¿Por qué el inversor particular acepta datos lentos y sin fuente mientras el profesional opera con otra baraja? No encontramos una buena respuesta. Encontramos un problema que merecía resolverse.
Un equipo pequeño comprobando cada cifra contra su fuente original. Cada número difícil de encontrar acabó convertido en una función del producto.
Cuando personas que no conocíamos empezaron a pedir acceso, entendimos que la frustración era general. La herramienta interna pasó a ser una responsabilidad.
Crecemos con ingresos propios y sin capital externo. Cada mejora nace de usar el producto a diario, y el rumbo no se lo debemos a nadie.
Celsmar cubre ocho clases de activo, de la renta variable a los bonos soberanos, y crece cada semana. La misión sigue siendo la del primer día: poner la información buena del lado de quien nunca la tuvo. Si echas algo en falta, escríbenos.
Construimos Celsmar para inversores como tú. Pruébalo gratis y dinos qué echas en falta.